El domingo pasado anuncié que estábamos dando inicio a una serie de enseñanzas sobre el libro de Efesios, y para comenzar estuvimos viendo los primeros 14 versículos del capítulo 1.

Vimos que Efesios es un libro que habla de las riquezas que tenemos en Cristo nuestro salvador, y que muchas veces esas riquezas las perdemos de vista, las ignoramos o incluso no somos conscientes de que las tenemos. También hacía yo énfasis en lo valioso que es que como cristianos que nos consideramos, podamos entender y dimensionar lo maravillosa que es la salvación que Dios nos ha concedido.

A manera de resumen, en esos primeros 14 versículos vimos que Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, que esas bendiciones incluyen el haber sido elegidos por el Padre (versículos 4-6), el haber sido redimidos por el hijo, quien también nos ha revelado e propósito de Dios (versículos 7-12), y que hemos sido sellados por el Espíritu Santo (versículos 13-14).

Hoy, dando continuidad al estudio, estaremos viendo el resto del capítulo 1, así que los invito a que abramos nuestras Biblias en el libro de Efesios, capítulo 1, y vamos a leer los versículos 15 al 23.

Como lo mencioné hace un momento, vimos que Dios ya nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, pero eso no quiere decir que automáticamente las experimentamos. Volviendo a la ilustración que tomábamos basándonos en el concepto de adopción que Pablo presenta en los primeros versículos. Es como un hijo que es adoptado pero llega sintiéndose menos que los demás. Legalmente tiene todos los derechos y deberes que los demás miembros de la familia, pero por su condición de adoptado, no cree que pueda contar con esos beneficios. Sólo en la medida que va conociendo y entendiendo su posición, podrá comprender que puede disfrutar de todos esos beneficios con libertad porque le pertenecen por derecho y de forma natural.

El punto es que mientras no conozcamos a Dios íntimamente, mientras no crezcamos exponiéndonos a su palabra, no podremos vislumbrar y disfrutar esas bendiciones.

Para establecer una conexión entre lo que leímos el domingo pasado y lo que acabamos de leer, lo podríamos decir de esta manera: “Dado que Dios nos ha dado tantas riquezas de bendiciones espirituales, oro que les dé un mayor conocimiento de él.

Obviamente, por este pasaje ser la continuación del que leíamos el domingo pasado, ambos tienen mucha relación y se complementan. Como decía, deseo despertar en nosotros una urgencia por conocer más a Dios, por deleitarnos en nuestro salvador y eso es precisamente de lo que habla Pablo. Veamos nuevamente los versículos 15 y 16.

Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones,

Entonces, cuando leemos “Por esta causa”, entendemos que hay algo antes, ¿Cuál causa? o ¿cuál razón? o dicho de otra forma, “debido a lo anterior”. Lo anterior, es precisamente lo que vimos la semana pasada, esas abundantes bendiciones, las riquezas que nos han sido dadas, la adopción, y en especial, la última parte de ese pasaje, que son los versículos 13 y 14, leámoslos.

Los destinatarios de esta carta, ya fueran los hermanos de la iglesia de Éfeso u otros, habían oído la palabra de verdad, el evangelio de la salvación, y lo habían creído. Y no solo eso, conectemos esto con el primer versículo, la salutación, eran unos fieles seguidores de Cristo. Así que habiendo escuchado y creído el evangelio de la salvación, se habían mantenido fieles y esto era una razón de alegría y agradecimiento por parte de Pablo. Él había visitado Éfeso en su segundo viaje misionero, y en su tercer viaje misionero permaneció en Éfeso durante tres años, así que la iglesia de Éfeso era una iglesia querida para Pablo, y la fama de estos hermanos era muy buena, a tal punto que lo que Pablo oía de ellos también lo animaba y lo llevaba a dar gracias por ellos.

¿Pero qué era lo que Pablo oía de sus hermanos? Las noticias que recibía acerca de ellos hablaban de la fe que tenían en el Señor Jesús. Cada punto de estos debería ser un elemento de autoevaluación para cada uno de nosotros. ¿Cómo está nuestra fe en el Señor Jesucristo?

O lo pregunto de otra forma ¿está creciendo tu fe? ¿Recuerdan lo que decía el domingo pasado? Si nuestro caminar en el Señor no avanza, no crece, tampoco se va a quedar estático. Al momento que dejemos de crecer, empezaremos a decrecer. Y recordemos dos pasajes que hablan de la fe:

Hebreos 11: 1 Es, pues la fe, la certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve. A la luz de esto, entonces, ¿Está creciendo nuestra certeza de lo que esperamos, nuestra convicción en lo que no se ve? ¿Nuestra plena confianza en el  Señor Jesús, está creciendo así no veamos? ¿Está creciendo nuestra convicción en lo que esperamos, confiados en nuestro amado Salvador?

Romanos 10: 17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

El medio ideal para que nuestra fe crezca, es un medio en el que abunda la palabra de Dios. No podemos crecer en fe, si no nos exponemos a lo que Dios dice. Y ¿por qué digo esto? Porque si no conocemos lo que Dios dice, será muy difícil creerlo. El conocimiento de la palabra de Dios no se adquiere por osmosis, tampoco por escuchar una enseñanza el domingo. ¿Saben? Lo que escuchamos aquí el domingo es solo un pasa bocas, de toda la abundancia que podemos llegar a disfrutar cuando realmente, en la intimidad, dejamos que la palabra de Dios penetre y limpie nuestras vidas.

Así, que de nuevo pregunto, ¿está creciendo tu fe? No sé cuántos estén enterados o desconozcan los últimos sucesos en la mi familia durante esta semana que pasó. Dudamos mucho si venir o no venir hoy a la iglesia, y más aún, pensé que quizás no debía, o no podría pararme hoy a exponer la palabra o incluso a cantar. Pero hoy estoy aquí en gran parte porque siento que debo dar testimonio del gran Dios que tenemos, y que, sin importar lo que suceda en esta vida y en esta tierra, él sigue siendo soberano y glorioso, y solo siento  deseos de exaltar a ese Dios… Debo decir que mi fe ha crecido de forma exponencial esta semana, y así lo siento porque a cada momento, en estos días tan duros, la palabra de Dios cobra vida y mayor sentido. Porque en medio del dolor, puedo estar seguro que aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno porque mi Dios está conmigo. Porque estoy intimando con el Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones. Porque puedo descansar en saber que sus caminos son más altos que los nuestros. Porque sé que él guardará en completa paz a aquel cuyo pensamiento en él persevera porque en él ha confiado. Porque sé que el bebé que ya no está con nosotros, que ya no esperamos, no viene a mí, pero yo si voy a él, porque sé que ese embrión lo vio Dios, y en Su libro estaban escritas todas las cosas que se alcanzaron a formar de él. Y versículo tras versículo viene a mi mente en medio de todo esto. Y puedo descansar en saber que mi glorioso Dios tiene cuidado de nosotros y por eso mi fe crece. Así que ¿por qué he de rechazar las abundantes riquezas y bendiciones espirituales que Dios ha dispuesto para mí? ¿Por qué no disfrutarlas? ¿Por qué no gozarme en ellas? Oh con cuanta facilidad perdemos de vista y olvidamos lo grandiosa que es la salvación que nos ha sido extendida, y creamos una imagen de un Dios domado, reducido a la mínima expresión, olvidando su grandeza y su poder, y su abundante misericordia.

Entonces, vuelvo y pregunto ¿está creciendo tu fe? ¿Tenemos tal fe al punto de que nos conozcan por esa fe? o, dicho de otra forma, ¿nuestra fe tiene fama, o más bien brilla por su ausencia?

Y el segundo punto del versículo 15, el amor para con todos los santos. Esta iglesia era conocida por su amor para con sus hermanos. Y también tengo que volver a mi situación actual y decir que doy gracias a Dios por esta amada iglesia y también por la iglesia del Señor, porque parte del consuelo que hemos recibido ha sido expresado en el amor de nuestros hermanos y en sus oraciones. Recibimos mensajes de hermanos de países distantes o incluso desde la selva, sin dejar de mencionar a los más cercanos  que nos dicen que están orando por nosotros. Mensaje tras mensaje, ¿cómo están? ¿Qué podemos hacer? Cuentan con nosotros, estamos orando. No puedo hacer más sino glorificar a nuestro glorioso Dios por cuidarnos tan amorosamente por medio de nuestros hermanos. Y es precisamente de ese amor que habla Pablo. Vuelvo y digo, que esto nos confronte y nos lleve a pensar en qué podemos mejorar. Podemos cuidarnos unos a otros, podemos cuidar de nuestros hermanos, de hecho, debemos cuidar de los santos.

Esta iglesia de Éfeso era conocida por ese amor que expresaban para con el pueblo de Dios. Y estas eran razones para que Pablo no dejara de dar gracias por ellos, recordándolos en sus oraciones.

Y aquí debo introducir una propaganda, ya lo hemos dicho en otros momentos, pero estos formaticos que le entregamos a Rafa no se quedan ahí nada más. En primer lugar, todos tenemos la posibilidad de recibir un correo semanal con la lista de peticiones, y les pido que quienes quieran recibir ese correo, le digan a Rafa que los incluya en la lista, pero también les pido que si le van a pedir a Rafa que los incluya, hagan el compromiso de por lo menos una vez a la semana, tomar el tiempo de ir en oración ante nuestro Dios e interceder por nuestros hermanos, llevando las peticiones delante de Dios. Y cada martes, ya sea presencial o virtualmente, un grupo de hermanos nos reunimos a las 5:30 de la mañana y no dejamos por fuera ni una de estas peticiones. Hagamos memoria de nuestros hermanos en nuestras oraciones. De hecho, no sé si espontáneamente alguien tenga algún testimonio de lo que Dios haya hecho en cuanto a alguna de estas peticiones que haya registrado en estos papelitos.

Ahora continuemos a los versículos 17 al 19.

Pablo no solo dijo que oraba y daba gracias por estos hermanos, sino que también dijo que pedía. Y me encanta ver la oración de Pablo. Antes de desglosarla, pregunto ¿qué pedimos a Dios?

Usualmente nuestras peticiones suelen ser superficiales, pedimos pro un empleo, por salud, por provisión, por cosas que suelen quedarse limitadas a la vida en esta tierra. Pero observen que Pablo tenía anhelos mucho más sublimes por los que intercedía por sus hermanos.

Esta es la lista de peticiones de Pablo al interceder por sus hermanos:

Que Dios les diera sabiduría espiritual

Que les diera percepción (revelación)

Que crecieran en el conocimiento de Dios

Que les diera entendimiento.

Todo esto para qué, eso está en el versículo 18. Para que supieran la esperanza a la que habían sido llamados, las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, la excelente grandeza de su poder para con los que creemos.

De nuevo tengo que volver a lo que decía el domingo pasado. Tenemos abundancia de riquezas en Dios y Pablo oraba porque sus hermanos entendieran esa abundancia de riquezas. Más que pedir por provisión, por salud, por bienestar, Pablo sabía que era más importante que sus hermanos conocieran y disfrutaran de Dios.

A.W. Tozer, en su libro El conocimiento del Santísimo  dice: “Lo que viene a nuestras mentes cuando pensamos en Dios, es la verdad más importante acerca de nosotros”. Y creo que esto coincide con lo que dice el Salmo 115: 8 que habla de Dios y los ídolos. En este salmo, el salmista habla de los ídolos que son simples objetos forjados por hombres que tienen pies y no caminan, boca y no hablan, mano y no palpan, ojos y no ven, y el versículo 8 dice:

Semejantes a ellos son los que los hacen, Y cualquiera que confía en ellos.

Y, según este versículo y lo que dice A.W Tozer, creo que la percepción que cada uno tenga de Dios, determina en gran medida el tipo de persona que es. Y más aún, la percepción que cada cristiano tenga de Dios, determina su vida espiritual, su crecimiento, su madurez.

Seguramente si hago esta pregunta: ¿conoces a Dios? casi todos diríamos, si, lo conozco. Pero ese conocer tiene dos dimensiones.

Les pongo dos ejemplos:

Quienes conocen a este personaje (presidente Santos). Creo que todos podemos decir que sabemos quién es, pero en realidad no lo conocemos. Ahora, podemos investigar acerca de su vida, saber dónde nació, qué edad tiene, quién es su esposa, sus hijos, qué estudió, dónde estudió, en qué ha trabajado, quiénes son sus padres, etc. y podríamos llegar a conocer bastante acerca de este personaje, pero probablemente no lo conoceríamos íntimamente.

Ahora pongo este otro ejemplo:

¿Quiénes conocen a este personaje?: (foto de una de mis hijas) La gran mayoría podría decir, que sí la conocen. Al menos la ven por aquí cada semana, saben cómo se llama, saben de quién es hija, más o menos qué edad tiene, etc. la conocen, han hablado con ella, saben quién es etc. ¿Pero saben? Puedo decirlo con toda autoridad, ninguno de los aquí presentes conoce tanto a este personaje como mi esposa o como yo. Nosotros sabemos qué le gusta, cómo se levanta, cómo duerme, qué le molesta, cuándo está triste, cuándo está alegre, etc. Todo esto lo sabemos porque nos relacionamos a diario con ella.

El punto al que voy es este. Y vuelvo a lo que decía hace ocho días. Necesitamos dimensionar el valor y lo maravillosa que es la salvación que nos ha sido dada, y esa es precisamente la oración de Pablo:

Necesitamos sabiduría espiritual, revelación, crecer en el conocimiento de Dios, entender, para entender (dimensionar) la esperanza a la que hemos sido llamados, las riquezas de la gloria de la herencia que tenemos y la excelente grandeza del poder de nuestro Dios.

Pero nada de esto puede darse mientras en nuestras vidas siga sucediendo una de estas dos cosas que ilustré con los dos ejemplos anteriores:

  1. Podemos conocer acerca de Dios, llenarnos de información, entender muchas cosas, conocer su palabra, pero no relacionarnos íntimamente con ese Dios. Así como podríamos decir que conocemos al presidente Santos porque conocemos mucha información acerca de él.
  1. Podemos conocer a Dios, así como muchos conocen a mi hija, teniendo cierta cercanía con él, pero al mismo tiempo con cierta distancia.  Saber quién es, qué ha hecho, pero no conocerlo íntimamente.

Y en realidad anhelo que ninguno de los que me escuchan en este momento se conforme con ninguna de esas posibilidades. Sino que clamemos a Dios por que nos dé sabiduría espiritual, revelación, crecimiento en el conocimiento, entendimiento para comprender, para dimensionar la esperanza a la que hemos sido llamados, y las riquezas que tenemos a disposición.

Más que orar por cosas superficiales, podemos orar por todo esto, puesto que el conocimiento del altísimo es mucho más supremo, y cuando nuestra fe y confianza en el Señor es suficiente, podemos habitar confiados en que él cuida de nosotros.

En sí, el eje de la oración de Pablo es que sus hermanos conocieran a Dios más profundamente, y esa debería ser nuestra oración por nosotros y por nuestros hermanos.

Nuestra mayor necesidad siempre va a ser el conocer a Dios. Tenemos un vacío del tamaño de Dios en el corazón y, obviamente, sólo él lo puede llenar. Pero si no nos relacionamos con él, si no dejamos que su palabra surta efecto en nuestra vida, entonces, no habrá manera de que avancemos en nuestra intimidad con él. Como decía en el ejemplo anterior. Conozco muy bien a mi hija porque he compartido mucho tiempo con ella. A Dios lo conocemos cuando compartimos tiempo con él. Nuestra fe crece cuando pasamos tiempo estudiando la palabra de Dios, cuando dedicamos tiempo para orar.

Y no quiero generar carga, ni hacer creer que estos son requisitos para vivir una buena religión. Porque no se trata de eso. Seguramente algunos habrán escuchado que el verdadero cristianismo no es una religión, sino una relación con Dios, y estoy de acuerdo con esto. Y eso es precisamente por lo cual oraba Pablo por sus hermanos, porque ellos conocieran más a Dios, o, en otros términos, porque su relación con Dios creciera.

De nuevo animo a que nos evaluemos a la luz de todo esto. ¿Qué tipo de relación estás teniendo tú con tu salvador? Recordemos lo que preguntaba el domingo pasado ¿te consideras cristiano? Si te consideras cristiano, entonces  seguramente tienes una relación con tu salvador, con Cristo. Pero esa relación puede ser distante o cercana.

¿Cómo crece una relación? Una relación crece mediante la interacción. A medida que más compartimos con nuestros seres queridos, más crece esa relación. Y esto no es nada diferente con Dios.

Así que no podemos pretender crecer en Cristo, si no nos relacionamos con él. Si nos limitamos a venir los domingos a escuchar un poco acerca de él. Eso es como ver un noticiero que nos habla acerca del presidente y creer que cada vez lo conocemos más. Y no quiero imponer cargas porque no se trata de eso. Sino de animar. No podemos crecer en Cristo si no nos relacionamos con él. Si no tomamos tiempo para orar, si no tomamos tiempo para leer su palabra, para escuchar una buena enseñanza, para edificarnos.

Vuelvo a la frase de A.W. Tozer: “Lo que viene a nuestras mentes cuando pensamos en Dios, es la verdad más importante acerca de nosotros”. La percepción que tenemos de Dios es muy diciente de lo que somos. Así que si decimos que Dios es lo primero o lo más importante, pero en la intimidad de nuestras vidas, en la cotidianidad no es así, entonces eso dice mucho de quiénes somos.

Pongo un ejemplo, ¿cuánto tiempo tomaste para leer tu Biblia esta semana? Por favor no respondan, ahora ¿cuánto tiempo dedicaste a ver televisión, o a divagar por internet esta semana? Y por favor, tampoco respondan. Solo quiero que nos evaluemos. Sin duda es más fácil pasar una hora ante el televisor, ¿pero qué es más importante?

Por un tiempo durante mi adolescencia, me puse este reto, y creo que me fue muy útil para ir desarrollando el hábito de leer la Biblia y de orar todos los días. Y lo puse en estos términos: No Biblia, no desayuno. Decidí que mientras no tomara, así fueran 15 minutos para orar y leer una porción de la palabra de Dios, no iba a desayunar, y créanme, en mi caso funcionó. Pero en gran medida tuve que estar dispuesto a controlar este cuerpo que siempre está deseoso de satisfacerse a sí mismo sin importar lo que Dios dice. Caemos fácilmente en querer satisfacer nuestros deseos más que en someter este cuerpo, o como lo dice Romanos 12, presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

Si no estás creciendo en el conocimiento de Dios, si tu fe no está desarrollándose, entonces por favor despierta y evalúa que está pasando en tu vida. Porque si no creces, entonces menguas. Y propongámonos como iglesia a orar así como oró Pablo, unos por otros y por nosotros mismos porque nuestro conocimiento y caminar con Dios crezcan.

Leamos ahora los versículos 20 al 23.

Pablo oraba que entendiéramos y conociéramos la grandeza del poder de Dios. En otras palabras, creo que deberíamos esforzarnos por entender la majestad, la maravilla, lo grande y poderoso que es nuestro Dios, es tan poderoso que resucitó a Cristo de los muertos, y lo llevó al cielo, y le dio poder y señorío sobre todo, no solo en mundo, en esta tierra, sino también en lo que vendrá después de que todo esto pase a la historia.

Dios tiene el poder de nombrar a su Hijo Jesucristo el Señor de todo, no solo lo que vemos en este universo, sino lo que no vemos en el cielo. Y todo lo puso bajo su autoridad, y por sobre todo lo puso por cabeza de la iglesia, de nosotros como organismo, y me impacta lo que dice la última frase: La plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Es difícil comprender esto, pero yo lo entiendo como que somos el agente de Dios para mostrar quién es él. Somos su cuerpo que se extiende hasta donde podemos llegar, mostrando y llevando la plenitud de Dios a dondequiera que vayamos.

De nuevo, insisto en que debemos conocer a nuestro Dios, en que esto es vital y trascendental para nuestro crecimiento en el Señor.

Con esta oración, Pablo desea que alcancemos a concebir o a dimensionar las bendiciones que nuestro Dios nos ha concedido y espero que entre nosotros se despierte ese deseo por conocer más a ese Dios.